martes, 12 de junio de 2012

APRENDER FOTOGRAFÍA II

¿DÓNDE ESTAMOS?

Como decía en la primera entrada, la fotografía, respecto de la trayectoria del fotógrafo/a, no se reduce al clic en la cámara. 




Determinar dónde estamos puede parecer poco necesario, pero tiene que ver con el nivel de autoexigencia "lógico" que nos podemos (y yo creo que debemos) imponer. Al mismo tiempo nos ayudará a orientar bien las inversiones en equipo, tiempo y esfuerzo.

Podemos ser (y no deberíamos hacer mucho caso a quien nos cuestione nuestro "status"):

   a) Fotógrafo/a para uno mismo: porque la fotografía que practicamos no va más allá (la mayoría de las veces) de la documentación visual de lo que nos pasa o rodea. Sin pretensiones concretas.

   b) Fotógrafo/a para familia y amigos: Acostumbramos a ser a quien miran los amigos y familia en cualquier acontecimiento en el que estamos presentes, con ojicos de que esperan que retratemos la ocasión. Y esto nos llena.

   c) Fotógrafo/a para los demás: Cuando nuestro público alcanza a los desconocidos (no quiere decir que hagamos las fotografías que los demás quieren, que a la larga es un error, salvo que nos reporte algún beneficio, del tipo que sea, sino que se orienta a público en general).





Para mí el acto de fotografiar es vanidad. Vanidad en la persona u objeto captado; pero vanidad también de ser capaz de atesorar lo efímero, un momento intangible, real o simulado. Sea porque soy consciente de ello o porque tampoco hacemos mal a nadie, no tengo el instinto de repudiar ese "pecadillo". Difícilmente se puede ser un artista careciendo de temperamento, de la capacidad para percibir y sentir emociones, siendo gélido e impermeable a los estímulos de los sentidos. Una cosa lleva a la otra y esa vanidad y el placer de poseer lo imposible (el instante volátil), la luz mágica, el gesto angelical o torvo y adusto, nos arrastrará por diversos caminos creativos, nos reportará muy diversas experiencias.





Volviendo al dónde estamos, es evidente que nuestra tipología nos marcará exigencias menores o mayores, tanto de formación como de equipo y de dedicación a la creación misma.





Creo firmemente que existe un porcentaje ínfimo de fotógrafos que tienen un talento portentoso (al igual que músicos, escritores o pintores). Ese don tan escaso les permitirá simplemente dedicarse a crear, fluyendo las obras de manera natural y sin aparente esfuerzo. Los demás podemos alcanzar metas a diverso ritmo con esfuerzo.





También cuanto antes debemos rechazar la idea de que no hacemos mejores fotos porque nuestro equipo no es de la gama profesional o de tal o cual marca. Normalmente no es verdad. Los equipos profesionales pueden ser más potentes, con más funciones, más robustos y duraderos, pero no hacen el trabajo solos. La fotografía la hace siempre el fotógrafo. Pero no hay que tirar la toalla si los comienzos son lentos o si nos estancamos. De algún modo siempre hay que reflexionar sobre qué hacemos, porqué y cómo, así como qué querríamos estar haciendo (en realidad como en todo en la vida). 

Y, siempre, siempre, siempre, tratar de disfrutar al máximo de la pasión por la fotografía.


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