martes, 16 de agosto de 2011

Motas en el sensor:. Ni indiferencia ni obsesión.


¿Qué son?

En los cuerpos réflex digitales, por el mero hecho del intercambio de objetivos, pero ni siquiera necesariamente por esto, aparecerán, más tarde o más temprano, unas manchas, de diferente intensidad, tamaño, etc., en ciertas imágenes. Este es un problema inherente y probablemente insoluble, de la era fotográfica digital.

El sensor, un dispositivo electrónico, se carga en mayor o menor medida de electricidad estática. Y atraerá partículas de las que siempre hay en suspensión en el aire. Y dichas partículas se quedarán más o menos adheridas al sensor. Bueno, en realidad esto último es impreciso, porque donde se quedan adheridas (lo que realmente se ensucia y, por tanto, lo que al final estamos limpiando) es el filtro de paso bajo (anti-aliasing) que está superpuesto al sensor (la matriz de fotocaptadores). Por esto, en adelante, “limpar el sensor”, “motas en el sensor”, etc., hacen referencia a “limpiar el filtro del sensor”, etc.

Aunque el mayor riesgo se corre en el momento del cambio del objetivo, así como según el ambiente y condiciones en que se haga, no sólo por dicho cambio de objetivo se obtienen estas imperfecciones en nuestras capturas digitales:
  • Al principio, las cámaras pueden, perfectamente, tener un exceso de lubricante en sus partes mecánicas, especialmente en el mecanismo del espejo. Su propia acción, al golpear, provocará un aerosol de partículas viscosas (el lubricante), algunas de las cuales, muy probablemente, alcanzará el sensor.
  • El propio efecto fuelle del zoom del objetivo (caso de ser zoom), o, incluso del enfoque del mismo, provocará corrientes de aire que desplazarán partículas, algunas de las cuales, por el efecto de la electricidad estática, serán atraídas hacia el sensor.
  • La falta de estanqueidad de cuerpos y objetivos propiciará que algunas partículas se encuentren en la zona en que pueden alcanzar el sensor.

¿No está mi sensor protegido por el sistema de autolimpieza de mi cámara?

Pues no, desengañémonos cuanto antes. Este sistema lo que hace es provocar una vibración en el filtro del sensor, buscando que las partículas sólidas se desprendan del mismo, cayendo en un “depósito” diseñado para contenerlas. Por tanto no es infalible, dados los orígenes y causas de manchas en el sensor, expuestas anteriormente, y dado que no necesariamente todas las manchas van a tener una naturaleza sólida y una adherencia meramente electrostática, habrá manchas que permanezcan. Además, en alguna ocasión puede que tomemos fotografías en condiciones de temperatura, por ejemplo, muy frías, con lo que, al sacar la cámara de la mochila, el rápido enfriamiento del aire puede traer condensación de micro-gotas de agua en el sensor, lo que puede adherir más pequeñas motas al sensor, haciendo incapaz al sistema de autolimpieza para su eliminación.

Así que este sistema retrasa la necesidad de una limpieza manual, pero no la evita.


Y lo que nos preguntamos algunos es: ¿qúe ocurre con las partículas de ese depósito de partículas? Antes o después, me imagino que se movilizarán, en las proximidades del sensor, pudiendo ser atraídas por éste.

¿Por qué no afecta a todas las imágenes por igual?

En primer lugar, y más obvio, dependerá de la imagen: si fotografiamos el interior de un hayedo en otoño, con un suelo tapizado de hojas y una parte media y superior de la imagen llena de troncos y ramas, pues las motas del sensor es poco probable que aparezcan reflejadas en las capturas (están, pero no se ven, quedan disimuladas). Las manchas del sensor no se mueven, en principio, por lo que, según la textura, luminosidad, tono, etc. del área de la fotografía, en su correspondencia con el sensor, las áreas “sucias” de la imagen van a pecar más o menos de este defecto sistemáticamente.

Y, en segundo, depende del diafragma utilizado en la fotografía. Las motas más frecuentes, que son de pequeñas a muy pequeñas, no serán visibles en fotografías tomadas con diafragmas más abiertos que f5 (número f menor: f4, f2.8, etc.). Pero sí se verán, con toda seguridad, en un cielo obtenido a f16, f22, etc.


¿Se puede escapar de este fenómeno?

No. Incluso haciendo todas las fotografías a diafragma f1.4 (escenario bastante improbable), antes o después el sensor deberá ser limpiado.


¿Cómo sé que tengo que limpiar el sensor?

Dependiendo del grado de autoexigencia de cada cual, el examen minucioso de cada imagen y en particular de las zonas “lisas”, sin textura, y de tonos claros (el mejor ejemplo son los cielos), nos marcará el estado de limpieza del sensor y de él deduciremos si “podemos vivir” con ese estado o hay que hacer algo.

Pero esa es una evaluación secundaria, indirecta. Si queremos estar seguros, se hace “la prueba del algodón”: Si estamos en exteriores, de día, se coloca preferiblemente un objetivo de focal, como mínimo, de 50mm, se cierra el diafragma al número f mayor de dicho objetivo, se pone la cámara en modo manual, se pone el enfoque en manual, se enfoca a la mínima distancia de enfoque, se mide el cielo (excluyendo el sol del encuadre) y se ajusta la velocidad hasta que el fotómetro de la cámara indique una sobreexposición de alrededor de 2/3 de paso a 1 paso completo. Se encuadra una porción de cielo sin sol y se toma la fotografía. Si el tiempo de exposición superara 1 segundo, se ajusta el ISO (subiéndolo) para que dicha velocidad sea, por lo menos, de 1/15. Da igual que el cielo esté desenfocado; da igual que la imagen corra el riesgo de estar trepidada (no vamos a tener definición después de todo y las motas no se mueven); da igual que el ISO de la imagen sea 1600 (el ruido derivado del ISO alto no nos va a tirar por tierra la prueba).

En interiores, la prueba sería la misma, pero enfocando a infinito y midiendo (y encuadrando para la captura) exclusivamente una porción de pared o un folio blancos o muy claritos.


Esta “prueba del algodón” debe hacerse después de la limpieza, para asegurarnos de que lo hemos hecho bien y el filtro del sensor ha quedado verdadera o razonablemente limpio.

He decidido luchar, sin obsesionarme, contra las manchas del sensor ¿qué hago?

Pues actúo en dos frentes: la prevención y la subsanación del problema:
  • Prevención: Soplo con una pera de goma (tengo en casa una enorme y llevo en la mochila otra más “portátil”) las tapas de los objetivos y del cuerpo de la cámara; soplo también el interior del objetivo, antes de ponerlo en el cuerpo de la cámara, o, al menos, al quitarlo; antes de quitar el objetivo limpio con un pincel el cuerpo de la cámara. Cambio de objetivo lo menos posible y evitando ambientes sucios, con viento, etc.; además, procuro siempre que en el cambio la montura del objetivo del cuerpo de la cámara mire hacia abajo; y si estoy en exteriores y tengo que cambiar “necesariamente” el objetivo, a la más leve señal de viento lo hago intentando proteger la cámara del viento, con el cuerpo, la mochila, lo que sea.



  • Subsanación del problema: periódicamente, soplo el filtro del sensor de la cámara con una pera de goma grande. Cuando esto no es suficiente, limpio el sensor por el método húmedo: soplo primero el filtro del sensor y las zonas periféricas y finalmente uso el líquido apropiado al sensor en cuestión, Pec-pad y algo a modo de bastoncillo (normalmente una tira de tarjeta de crédito cortada en concordancia al alto del sensor).

Los pasos para aplicar el método seco o el húmedo son los mismos. En primer lugar hay que revisar el manual de la cámara, donde deberá estar especificado tanto el proceso como las precauciones a tomar. Al menos en todas las cámaras CANON que conozco hay un acceso en algún menú que inicia el proceso; éste no puede realizarse si la cámara estima que el nivel de batería no lo va a permitir; seleccionada la acción en el menú, la cámara levanta el espejo, dejando al descubierto el filtro del sensor. Para la “limpieza en seco”, la del soplado del sensor, coloco la cámara en el trípode, modifico la posición de la rótula para que el sensor quede mirando hacia el suelo; activo la limpieza del sensor en el menú correspondiente; quito el objetivo; soplo a conciencia el sensor y los alrededores; y si esto era todo, soplo el objetivo y lo monto en la cámara, que apago, dando por finalizada la limpieza.


Importante: No uso aire comprimido, no uso líquidos no estrictamente seguros (si la afinidad entre dicho líquido y el filtro del sensor y los fotocaptadores y la microcircutería existente no es absoluta, corro el riesgo de provocar una avería seria y cara de reparar) y no uso otra cosa que Pec-pad, que se fabrican para no dañar las lentes de los objetivos). Pero, ojo, el fabricante del Eclipse garantiza el producto (ignoro si internacionalmente), corriendo con los gastos de cualquier daño que éste produzca en el sensor, si se ha seguido al pie de la letra sus instrucciones. Pero desaconseja (y la garantía no alcanza esta combinación) el uso de los Pec-Pad para la limpieza del sensor. Para eso tiene otro producto: Sensor swab, que los fabrica en varios tamaños y formatos (nº de unidades por envase). Sólo cuando se usa Eclipse + Sensor Swab se dispone de esta garantía.

Por dar mi experiencia personal en este tema, he limpiado (en diversas ocasiones, según la cámara concreta) el filtro de una Canon 10D y de dos Canon 20D con metanol (99,8 % de pureza), comprado en una farmacia; una Canon 400D, una Canon 40D y una Canon 5D con Eclipse2; una Canon 350D con el mismo metanol ya citado. Siempre he usado Pec-Pad para ello. Casi todas las cámaras citadas eran mías (en el momento de la limpieza, ahora ya no) y las demás de personas muy, muy cercanas. Pero ahora, para una de mis bestias negras he adquirido los Sensor Swab (que aún no he utilizado en el momento de escribir esto, a la espera de conseguir la nueva fórmula del Eclipse).



¿Alternativas?

La limpieza de manchas del sensor en las fotografías, usando cualquier software de edición es casi siempre viable.

Pero la limpieza del sensor es un proceso sencillo, bastante breve y hasta relativamente económico, salvo que lo haga el servicio técnico de la marca. Evaluar si nos compensa el tiempo que se pasa quitando manchas en el ordenador, es también un buen criterio para decidir si limpiamos el sensor o limpiamos las fotografías.

Y, apelando al grado de autoexigencia, si obtengo un “fotón” de, por ejemplo, un insecto (macro fotografía) y “me cae” una mota en el ojo del sujeto, arruinándome la captura, no me lo perdonaría nunca.



¿Qué no me debe preocupar “nunca”?

Las manchas y motas (salvo que se desplacen al sensor a la larga) que veo en el visor. Son elementos que se encuentran en la propia lente del visor, en la pantalla de enfoque o en el espejo y que nunca van a aparecer en las fotografías.

Aunque se pueden retirar con relativa facilidad (según las cámaras, claro), sólo si nos distraen mucho o si fueran significativamente grandes abordaría su limpieza. Y ésta es demasiado específica, a la par de salirse del tema de este “artículo”.

domingo, 14 de agosto de 2011

Equipo para Macro Fotografía

 La pretensión de este artículo no alcanza más allá del interés orientativo, puesto que no existe una lista concreta y cerrada de elementos que sean necesarios para abordar la fotografía macro con cierto éxito. Por tanto, las recomendaciones no tienen porqué tomarse al pie de la letra, puesto que cualquier fotógrafo puede encontrar su camino y forma de fotografiar con variantes distintas de las aquí propuestas.

Dicho esto, me parece imprescindible introducir el tema estableciendo lo que se entiende por fotografía macro, desde un punto de vista formal, distinguiéndolo así de lo que no lo es. Pues bien, para quien decida construir su tema fotográfico en lo pequeño, incluso en lo muy pequeño, al principio lo más probable es que tenga una idea inexacta de lo que se entiende por macrofotografía.



Sin pretender aquí, desde luego, decir a ningún fotógrafo cómo debe conducir su obra, sí interesa saber de qué estamos hablando. En un sentido coloquial se suele denominar fotografía macro a aquella en la que el sujeto principal de la fotografía (objetos o seres vivos, etc.) es pequeño o muy pequeño; pero esto es inexacto porque lo que determina que una fotografía sea macro o sea fotografía de aproximación es el tamaño que tiene dicho sujeto en el sensor de la cámara (o en la película, si estuviéramos usando una cámara analógica o “tradicional”, “de carrete”). Por tanto, esas son las dos categorías en que se dividen en realidad lo que comúnmente se llaman fotografías macro: fotografía de aproximación y macrofotografía.

Se entiende por macrofotografía a aquella en la que el sujeto se reproduce en el sensor de la cámara en una relación de aspecto de 1:2 a 2:1, es decir, desde la mitad hasta dos veces su tamaño real. Esto nos obliga, para entenderlo mejor, a saber un dato básico: con respecto a qué tamaño de sensor de la cámara se ha establecido este criterio.  Simplificando, consideraremos que una cámara de tamaño de sensor “de fotograma completo” (full frame en inglés) tiene un tamaño de sensor de 24x36mm, igual que el tamaño del negativo (carrete) llamado “película de 35mm”, o sea, “los carretes de toda la vida”, para entendernos. Y, tomando como referencia este tamaño de sensor, si fotografiamos una regla y obtenemos una fotografía de una porción (a lo ancho de la fotografía) de regla de 72mm la relación sería 1:2; si obtenemos 36mm de regla la relación sería 1:1 y si obtenemos 18mm la relación sería de 2:1; o, dicho de modo más claro, obtenemos reproducciones de la mitad, tamaño real y dos veces su tamaño, respectivamente. Como los modelos de cámaras que disponen de un sensor de fotograma completo (24x36mm) son las menos, además de corresponderse con modelos de gama alta y por tanto relativamente caros, lo más probable es que la cámara con la que vayamos a obtener las fotografías tendrá un sensor bastante más pequeño; tendrá, por tanto, un factor de recorte que es conveniente conocer; este factor de recorte hay que aplicarlo para la estimación de la relación de aspecto para esas cámaras (sensores APSH: factor 1,3; APSC: factor de 1,5 a 1,6;  y menores).  Y esto, por supuesto, siempre con relación a la toma original, sin tener en cuenta recortes de la misma (tomar una porción, con un software de edición de imágenes, de captura para generar una imagen menor, donde el sujeto, obviamente, tendría un tamaño relativo mayor).

Dicho lo anterior, cualquier reproducción menor de 1:2 sería fotografía de aproximación y, asimismo, reproducciones mayores de 2:1 serían microfotografía.

 
Sensor full frame, focal 50mm. 
Anillo extensión 36mm. 
Reproducción inferior a 1:1

Sensor full frame, focal 50mm. 
Anillos (3) extensión 36 + 20 + 12 mm. 
Reproducción superior a 1:1





Equipo básico.

Sinceramente, no creo que sea posible realizar fotografía macro de cierta calidad con una cámara compacta. Pero la explicación de esta afirmación excede el ámbito de este artículo, en parte por razones técnicas y de calidad del resultado y en parte por ser una opinión personal. Basándome en dicha afirmación, me voy a centrar en el equipo fotográfico basado en un cuerpo réflex; y dada la realidad tecnológica y del mercado, más concretamente, un cuerpo réflex digital.

En este punto de equipo básico, no creo necesario matizar respecto del cuerpo en particular y aquellas características más ventajosas para la práctica de la macrofotografía. Como mucho decir que precisará de un modo manual (para el establecimiento de la velocidad y del diafragma manualmente), si tiene “live view” (modo de visión directa de la imagen a la manera de cualquier compacta digital) mejor; sería interesante que tuviera una generación de ruido aceptable a valores ISO medios-altos (digamos de 400 a 1000 ISO); fundamental que tenga un botón de previsualización de la profundidad de campo; y debería disponer de la posibilidad de disparar con levantamiento previo del espejo. Pero es cierto que casi cualquier cuerpo réflex digital moderno dispone de estas características; por esto, el cuerpo (modelo y fabricante) va a resultar casi seguro lo de menos.

Recorte de fotografía de aproximación,
realizada con cámara compacta digital
de altas prestaciones.

En este escenario (sistema réflex digital), el siguiente elemento indispensable es el objetivo. A diferencia de lo relativamente poco importante que resulta, a mi juicio, el modelo y la marca exacta de cuerpo réflex, el objetivo debería ser el mejor (y por desgracia el más caro) que nos podamos permitir. Cuatro son las consideraciones básicas: relación de reproducción máxima, valor más abierto de diafragma, resolución óptica y focal.
Relación de reproducción máxima: según lo explicado anteriormente, una lente (objetivo) que tenga una relación de reproducción de 1:6 nos va a ayudar poco si el sujeto de nuestro interés es de pequeño a muy pequeño. Incluso aunque usáramos algún accesorio de los que se describen más adelante en el Equipo Avanzado, partimos de una relación de reproducción escasa. Por esto, deberíamos pensar más en 1:2 o, mejor que mejor, 1:1. Dicha relación de reproducción es un dato más  que tenemos que conocer del objetivo que tenemos o queremos adquirir, porque, demasiadas veces los fabricantes, sin sonrojo alguno, colocan la palabra Macro en la descripción de su modelo de objetivo, sin serlo realmente.
Valor más abierto de diafragma. Existen razones que avalan este factor, pero su explicación excede el tema de este artículo. Baste decir que los objetivos de calidad que se comercializan y comúnmente se utilizan en macrofotografía tienen valores de diafragma más abierto entre f2.8 y f3.5. Sin ser un factor prioritario, interesaría que fuera uno de estos dos valores o que no fuera mayor de f4.
La resolución óptica es un factor que no se puede alterar (aunque se pueda modular mediante la luz, pero esto también es otra historia), cada objetivo tiene la suya, en función de las lentes, su calidad, tipo y número con las que esté construido. Afecta, naturalmente, a la capacidad de captar (y, por tanto, reproducir) detalles muy pequeños. No es un parámetro intuitivo, sino que se puede medir y expresar con valores; actualmente se utilizan los gráficos MTF que para muchos objetivos es fácil de encontrar en internet, y que, aunque su comprensión al principio es un poco difícil, constituyen una manera asequible de comparar entre modelos de objetivos, tanto del mismo como de distintos fabricantes.
Focal, “los milímetros” del objetivo. Que yo sepa hoy día se fabrican objetivos macro desde 24 hasta 180mm. Aparte de otras cuestiones, el tipo de sujeto de las macrofotografías que vayamos a hacer puede condicionar el uso de uno u otro, básicamente dependiendo de si se trata de un sujeto estático o de uno que pueda moverse (seres vivos, esencialmente), puesto que la máxima relación de reproducción se obtiene siempre a la menor distancia de enfoque del objetivo, que, a su vez, es más corta cuanto menor es la focal. Por ejemplo, un objetivo 24mm macro tendrá su mínima distancia de enfoque alrededor de 24cm (siempre medidos desde el plano focal, que es el punto donde está el sensor, no desde la lente frontal del objetivo); por el contrario, un objetivo 150mm lo tendría alrededor de 40cm.

Y con esto “solamente” podemos salir al mundo a obtener estupendas macrofotografías. ¿Y con cualquier otro tipo de objetivo no se puede hacer macrofotografía? Bueno, el mundo de los accesorios es quizá más extenso que el de los objetivos, con lo cual, puede que un objetivo más “correcto” para otras disciplinas o temas, o sea, que no sea macro, ayudado por un accesorio extra, aproxime nuestras fotografías a las que podríamos obtener si disponemos de un objetivo macro de cierta calidad. 

 
Canon EOS 5D y Sigma 150mm Macro 






Equipo avanzado

a) “Extenders”, “teleconverters” o “duplicadores”. Constituyen un componente óptico (puesto que incorporan lentes) que se instala entre el cuerpo de la cámara y el objetivo.  Su efecto es modificar, aumentándola, la distancia focal del objetivo (los milímetros); y lo hacen en la magnitud de su factor; así, los más comunes que se comercializan tienen factores 1.4 y 2. La focal del objetivo resultante sería focal x 1,4 y focal x 2, respectivamente. Pero hay que tener en cuenta que el diafragma más abierto del objetivo pasa a ser un paso o dos pasos más cerrado para los ejemplos anteriores; así, si un objetivo tiene como diafragma más abierto f/4, con el extender 1.4 pasaría a ser f/5.6 y con el extender 2 pasaría a ser f/8. Además de esto, conviene tener en cuenta que su calidad debería ser equivalente o superior a la del objetivo junto al que se monta en la cámara, para evitar restar calidad a las capturas. Además, hay que verificar la compatibilidad de cada objetivo con los diferentes “extenders” existentes. Naturalmente, al ir montados en el cuerpo de la cámara, deben contar con la misma montura que el cuerpo; por ejemplo, el sistema EOS digital de Canon se divide en monturas EF y EF-S,  existiendo cuerpos que pueden montar ambos tipos de objetivos y otros que sólo disponen de montura EF. 


Dos convertidores de focal 1.4 de Kenko y Canon




b) Lentes de aproximación. Se trata de una lente que se enrosca en la parte frontal del objetivo y que produce un “efecto lupa”, de manera que amplía la imagen que el objetivo por sí solo capta. Muy frecuentemente utilizados en el pasado, por resultar una solución relativamente económica y también en muchas ocasiones la única disponible, actualmente no es la más usada. No tengo experiencia personal al respecto, porque nunca las he usado; sin embargo, sí conozco el trabajo de algún fotógrafo que las usa, con buenos a muy buenos resultados. Hay que tener en cuenta tres cosas: primera, al ir enroscados en la parte frontal del objetivo su diámetro tiene que coincidir con el del objetivo, con lo que se llama “diámetro de filtro”, que suele venir indicado en el propio objetivo o en la documentación que lo acompaña; por tanto, si queremos usarlas con distintos objetivos, si su diámetro de filtro es diferente, podemos llegar a necesitar una para cada objetivo; o bien tener la lente de aproximación del diámetro mayor y para los demás objetivos usar unos anillos que llevan roscas reductoras (solución económica que no tiene porqué ser la mejor). Segunda, se miden en dioptrías y a mayor número, mayor ampliación y también menor distancia de enfoque. Y tercera: su calidad debe ser proporcional a la del objetivo al que se le va a enroscar, por una razón lógica: si tenemos un excelente objetivo y le ponemos delante una notablemente peor lente, sus deficiencias ópticas (del tipo distorsiones, deformaciones, aberraciones, etc.) también se van a magnificar, corriendo el riesgo de una pérdida ostensible de calidad en la captura. Pero, desde luego, tienen como ventajas su relativamente asequible precio, incluso para calidades ópticas aceptables; aumentan poco el peso y el volumen del equipo total; no “roban” luz de forma significativa (ver más adelante, en los anillos de extensión y fuelles).



 

c) Anillos de extensión y fuelles. No son un elemento óptico en sí mismo, puesto que no incorporan lentes. Se trata de dispositivos cuya función es alejar el objetivo del cuerpo de la cámara, puesto que esto afecta al punto donde se proyecta la imagen generada por las lentes del objetivo. Por eso se ubican intercalados entre el cuerpo de la cámara y el objetivo. Tienen tres efectos: primero, disminuyen la distancia mínima de enfoque propia del objetivo (que es lo que afecta realmente a la magnificación del sujeto); segundo, provocan la pérdida del enfoque del infinito, aunque esto resulte prácticamente irrelevante en fotografía macro; y tercero, “consumen” luz, es decir, hay una pérdida de luz de la escena, hecha la captura con anillo de extensión o fuelle, respecto a la escena tomada sin él. Los anillos de extensión se comercializan en diferentes longitudes, puesto que este factor afecta a la magnificación que producen; aproximadamente, un anillo (o la suma de varios) de 50mm de longitud duplicaría la magnificación nominal de un objetivo 50mm, insisto en que aproximadamente. Como queda dicho, se fabrican en distintas longitudes y son apilables (se pueden montar varios juntos), para conseguir la magnificación deseada; por el contrario, el fuelle es un tubo, de sección cuadrada, de un material similar al cartón, opaco, que se pliega o despliega, montado dicho tubo sobre unas guías, accionando un mecanismo de tipo cremallera; esto hace cómodo el fuelle, con respecto a los anillos, puesto que, sin desmontar nada, podríamos cambiar la longitud de la extensión, cosa que en caso de los anillos se hace desmontando, intercalando y volviendo a montar. Pero hay que tener un hecho muy importante en cuenta: se comercializan dos tipos de anillos, uno con los puentes de los contactos  del objetivo y sin dichos puentes para que exista comunicación entre el cuerpo y el objetivo y que sirven para el control de enfoque y diafragma. Si nuestro objetivo no es “antiguo”, es decir, que no dispone de un anillo de diafragmas manual, con un anillo de extensión sin contactos de control de diafragma no podremos ajustar éste, por lo que siempre nuestras capturas serían usando el diafragma más abierto y, por tanto, con la profundidad de campo menor disponible; esto no tiene que ser un problema siempre, pero sí es una limitación importante en el conjunto de nuestra macrofotografía. Esto ocurre porque los objetivos “modernos” siempre tienen el diafragma totalmente abierto, supongamos, por ejemplo, f/4, independientemente de que le hayamos fijado a la cámara f/8; sólo en el momento del disparo se cierra el diafragma, se toma la fotografía y se vuelve a abrir el diafragma a f/4. Y dicho esto, respecto de los fuelles, no conozco ninguno que disponga de los contactos de control de diafragma. Como conclusión, aunque son mucho más caros, yo optaría por los anillos que sí disponen de tales contactos de control del diafragma y el enfoque (aunque en macrofotografía el enfoque automático apenas se utilice). Como ventaja, el peso y volumen del equipo no se incrementa en demasía y, al no incorporar elementos ópticos, no penalizan la calidad del objetivo. Otra cosa es la “pérdida de luz”, es decir, cada anillo que incluyamos va restando aproximadamente un paso (EV) la exposición; por ejemplo, si una toma es “correcta” a f4 y 1/125 sin anillos, al instalar uno probablemente veríamos que la exposición “correcta” equivalente va a estar en f/4 y 1/60, aproximadamente; y así sucesivamente con cada adición de un anillo, aunque dependerá de la longitud de éste.



Anillo sin contactos (izda.) y con contactos (dcha)



d) Inversión de objetivos. Tampoco esta técnica incorpora elementos ópticos adicionales,  puesto que se basa en un anillo que a un lado lleva la montura adecuada para el cuerpo de la cámara y al otro la rosca equivalente al diámetro de filtro del objetivo que se va a invertir, de modo que permite poner el objetivo ¡al revés! En principio se puede invertir cualquier objetivo, pero interesa hacerlo con los objetivos de focal angular, pues es con los de menor focal con los que se obtiene la mayor magnificación (idealmente un 24mm para maginificaciones en torno a 2:1). Nuevamente, hay que tener en cuenta que el objetivo que vayamos a invertir debería tener un anillo de diafragmas que permita usar el que más nos interese en cada momento (por tanto deberá ser un objetivo “antiguo”), por la misma razón de la pérdida de profundidad de campo citada anteriormente. Esta “solución” es muy económica, puesto que el anillo cuesta muy poco y el objetivo es posible que lo podamos conseguir en el mercado de segunda mano por relativamente poco dinero. Como inconveniente, podríamos citar que la distancia de enfoque es muy reducida.



 





Izquierda: Fotografía obtenida con objetivo 28-80 invertido mediante el uso de anillo inversor y roscas de conversión de diámetro de filtro (foto de la derecha). La magnificación obtenida queda patente por la porción de regla captada.


e) Suma de objetivos. Consiste en acoplar un objetivo, invertido, delante de otro. Para realizar esto se necesita, aparte de los dos objetivos,  un anillo que tiene rosca por los dos lados, de manera que se instala en la rosca para filtros de ambos, en su parte frontal. El factor de ampliación obtenido es aproximadamente el de la relación que existe entre las focales de ambos; por ejemplo, si los objetivos fueran un 100mm y un 50mm, el objetivo de 100 mm se instalaría en el cuerpo de la cámara, mientras que el de 50mm se invertiría mediante el anillo apropiado; se conseguiría un factor de ampliación de 2 en este ejemplo (respecto de la ampliación del de 100mm).


f) Filtros. De la amplia gama de filtros disponibles, sólo el polarizador considero que sea adecuado y sólo para algunas fotografías. Los efectos de este tipo de filtros son: eliminar o reducir determinadas direcciones de la luz, con lo que se aumenta el contraste; saturar los colores; atenuar o eliminar reflejos de superficies no metálicas (por lo que aumentan la transparencia de, por ejemplo, un cristal o una lámina de agua); etc. Como efecto menos interesante en macrofotografía, “consume luz”, es decir, resta la cantidad de la luz que llega al sensor, disminución que puede llegar a ser de varios pasos. Los más comunes son los circulares, que se instalan en la rosca para filtros del objetivo.


ILUMINACIÓN

En cualquier modalidad fotográfica, y la macrofotografía no es en absoluto una excepción, la luz es esencial. Más concretamente, un tratamiento correcto de ella. Adicionalmente, la macrofotografia tiene sus condicionantes específicos en materia de luz y tienen que ver, en particular, con el modo de realizarla, con los elementos que intervienen, así como con el frecuente uso de diafragmas relativamente cerrados, de modo que la necesidad de aportar luz a la ambiente es una constante en la macrofotografía.

Casi nunca el flash incorporado en la cámara, de disponer de él, será suficiente para la idónea iluminación de la escena. Así que recurriremos a fuentes adicionales de luz. 

De realizar la macrofotografía en estudio podríamos optar por un conjunto de elementos más propios de interiores, pero, tanto por su especificidad, como por el hecho de que este artículo se centra más en fotografía en exteriores, sólo voy a tratar el equipo compacto y portátil.

 
a) EL FLASH: es el accesorio para aportar luz más obvio. Además del que suele ir incorporado en la cámara, que acostumbra a ser de potencia modesta y no permite orientarse en diferentes direcciones, resultará de mucha más utilidad uno o mejor varios flashes compactos, alimentados por pilas o baterías recargables y de potencia media/alta regulable en fracciones. La potencia se mide con el número guía; este número indica la relación entre número f (diafragma) utilizado y alcance, en metros, de la luz para una “exposición correcta”; su interpretación formal y clásica es que, un flash de, por ejemplo, número guía 40, en una cámara configurada a ISO 100, con un objetivo 50mm montado y con un diafragma seleccionado de f2.8 tendría un alcance de 14,29 metros (alcance = número guía / diafragma). Los flashes de nuestra elección deberán tener, al menos, un número guía de 30 o superior y ser ajustables a potencias parciales; que el cabezal se pueda orientar, tanto en la vertical como en la horizontal es recomendable; y también que dicho cabezal sea zoom sería interesante, aunque no es imprescindible; esta característica permite que el haz de luz sea más o menos concentrado, dentro de unos límites. Y otra característica muy, muy útil es que puedan dispararse remotamente de manera inalámbrica, lo que normalmente se consigue si dispone de fotocélula integrada.







Además de los flashes compactos, se comercializan al menos dos tipos de flashes para macrofotografía: el más tradicional consiste en unos soportes o brazos que permiten sostener sendos flashes en sus extremos, uno a cada lado del objetivo, permitiendo cierta regulación en la posición exacta de los brazos; sobre estos irán instalados los flashes, que se conectan  mediante cables al cuerpo de la cámara. El otro modelo, más reciente, es el “ring flash” o flash anular o flash de anillo, que consiste en un cabezal de flash en forma de anillo que rodea al objetivo, unido al controlador electrónico del mismo y a la alimentación, que se instala en la zapata del flash del cuerpo de la cámara. En general, los flashes macro alcanzan un precio elevado y tienen poca utilidad en otras modalidades o temas fotográficos. Por esto, considero mucho más recomendable hacerse con uno o, mejor, dos flashes compactos; mi flash ideal es el que dispone de regulación manual de la potencia de destello y que incorpore una fotocélula fiable, que me permita dispararlo de forma sincronizada al destello del otro u otros; también valoro que el cabezal pueda rotar 360º en la horizontal y, por supuesto, se pueda subir y bajar 90º en la vertical; también me parece interesante que sea zoom, así como que su número guía sea de 40 o superior.



 

Accesorio para convertir un flash compacto
en “Ring flash” (flash anular”)



Fotografía de tornillos obtenida con diafragma f5.6 y accesorio flash anular








b) ACCESORIOS ILUMINACIÓN:

Para el disparo remoto: si vamos a utilizar simultáneamente dos o más flashes es probable que sólo con las posibilidades de la cámara esto no sea posible. Además, si nuestros flashes no disponen de un sistema de disparo remoto, tendremos que optar por otras soluciones disponibles.


b.1.- CABLE TTL: es un cable, normalmente extensible, que dispone en cada extremo de un conector, apropiados para interconectar el flash y la zapata de flash de la cámara. En realidad “sólo” permite disparar un flash, pero en una posición diferente a la de la zapata, evitando así la iluminación frontal. Resulta un sistema muy fiable, pero que tiene como inconvenientes la relativamente limitada longitud del cable y que, al tratarse de un cable flexible, de tipo espiral, suele ser difícil mantenerlo totalmente extendido.



b.2.- FOTOCÉLULA: Se comercializan fotocélulas que se conectan en la zapata del flash. Cuando detectan un destello provocan el disparo del flash al que se han conectado. Deberían utilizarse las de máxima calidad, que sean sensibles a los destellos en cualquier situación lumínica, para que sean fiables. Como ventaja, es un sistema ligero, relativamente económico y no precisa de pilas. La fotografía anterior ilustra una fotocélula a la izquierda, una zapata Sync con su cable a la derecha y una pequeña rótula en el centro, útil para posicionar elementos.





b.3.- CONEXIÓN SYNC: Si la cámara dispone de un conector SYNC podemos utilizar este sistema, basado en zapatas y cables, que permitiría interconectar múltiples flashes. Resulta muy fiable y relativamente económico, aunque puede ser complicado interconectar múltiples flashes, por el entramado de cables necesario.

b.4.- OTROS SISTEMAS ESPECÍFICOS: Algunos fabricantes disponen de dispositivos, por ejemplo basados en la luz infrarroja, para controlar el disparo de varios flashes, incluso en el modo TTL, pero los considero poco útiles para macrofotografía, a la par de caros.

b.5.- DISPARADORES INALÁMBRICOS POR RADIOFRECUENCIA: Existen diferentes calidades y, por tanto, precios de estos sistemas, consistentes en un emisor, que normalmente se acopla en la zapata para flash de la cámara y uno o varios receptores, que se conectan a los flashes. Su fiabilidad es de buena a muy buena, según su calidad, y tienen el inconveniente de depender de las pilas para su funcionamiento, así como que su precio puede ser relativamente alto.






c) MODIFICADORES.

Fundamentalmente reflectores y difusores, pero también “gobos” y “snoots”. Como en otras modalidades fotográficas, persiguen efectos creativos en la imagen final y, por tanto, el resultado es análogo al de sus homólogos del retrato de estudio, con técnicas de aplicación similares.

c.1.- DIFUSORES: en particular son muy útiles porque limitan la componente de luz dura propia de los flashes compactos. Se comercializan varios tipos de ellos para los flashes compactos o de zapata, al tiempo de resultar relativamente fácil construir versiones válidas; casi cualquier elemento que permita apantallar el destello del flash, aumentando significativamente su tamaño, puede ser la solución.

c.2.- REFLECTORES: elementos que explotan la técnica de la luz rebotada, permitiendo dirigir, moldear e incluso variar el color de la luz, sea la ambiente o la creada por los flashes. Naturalmente, se comercializa una amplia gama de modelos, pero, desde una cartulina blanca a una porción de papel aluminio, del tipo utilizado en cocina, son alternativas perfectamente válidas.


c.3.- LIMITADORES, “GOBOs” y “SNOOTs”: elementos que persiguen evitar que la luz aportada (o incluso ambiente) llegue a determinados lugares. Los “gobos” son esencialmente láminas que evitarán que la luz alcance, por ejemplo, el objetivo o el fondo; mientras que los “snoots” son conos (o una estructura más o menos tubular), que concentra el haz de luz en alguna medida, dependiendo de cuánto cierren, así como de la distancia a la que se coloquen. Aunque los “snoots” ya focalizan bastante la luz, para concentrarla mucho más haría falta una lente fresnel; más o menos hacen una función similar los “panales de nido de abeja”, una matriz de “tubitos” que se disponen en un eje, para dirigir la luz. También en este caso la oferta comercial es amplia, aunque, dada su sencillez, con una cartulina negra o un cartón cualquiera y una goma elástica ya dispondremos de “gobos” y “snoots” casi gratis.

SOPORTES

Muy recomendables, siempre que sea posible su uso, el trípode o soportes similares van a mejorar la calidad de la imagen, tanto por el hecho de que la velocidad de obturación puede ser crítica, como por la necesidad de componer en ángulos complicados y/o estar creando esquemas de luz durante la captura, de modo que nos dejan las manos libres y nos permiten “trabajar” sobre la escena.

a) TRÍPODES Y RÓTULAS: a mi juicio, trípode robusto y sólido que pese poco no es posible, de manera que los trípodes ligeros no me atraen nada desde un punto de vista funcional. La adquisición del material de soporte puede constituir una inversión significativa, a la vez que, si no se hace bien, dejaremos esta parte del equipo en casa y, en cierto modo, aún nos habrá salido más caro. Por tanto, estos elementos, que pueden utilizarse para más temáticas, deben permitir un modelo de compromiso que aúne robustez, versatilidad y precio. A lo largo de los años confieso haberme gastado más dinero en trípodes malos y casi inútiles que en buenos y realmente usables.

Como en tantas otras categorías de equipo fotográfico, existe una amplia oferta, en marcas y modelos, y en materiales y precios, claro. Respecto de los materiales, sólo he usado los de aluminio, pero por diversas razones no encuentro válidos para mí los de carbono o los de basalto, mucho más caros.

En la elección de un trípode deben pesar varios factores: altura máxima y mínima, sin extender la columna central (caso de tenerla); el máximo peso que soportan; si llevan o no integrada la rótula; y,  por supuesto, el precio. También son importantes el número de secciones de las patas (cuantos menos segmentos el trípode será más largo cuando está plegado, pero más estable cuando estén totalmente extendidos); el peso; el mecanismo de liberación de las patas, etc., son factores a revisar. Mis parámetros son: material: aluminio; rótula no integrada (ya compraré la rótula que más me guste para la fotografía que vaya a hacer); que soporte un peso de, al menos, 5 kilogramos; que la altura máxima, sin extender la columna, me permita usar la cámara estando de pie, sin tener que agacharme lo más mínimo; mejor 3 secciones que cuatro; mecanismo de liberación de las patas, para extenderlas, rápido y fiable; las patas deben poder extenderse independientemente; la altura mínima debe ser inferior a 20 cm (aunque implique usar una columna central muy corta, recortar la original o usar el trípode sin ella). Finalmente, el precio me lo tendré que poder permitir, aunque esto es más una cuestión de esperar lo necesario, para no tener que gastar dos veces en lo mismo. Y, para ejemplificar en marcas y modelos, la familia 055 de Manfrotto es para mí la ideal.


 



Trípode manfrotto 055C, con rótula de 3 ejes comprado de segunda mano; muy robusto, aunque pesado. La columna central impide que se pueda colocar la cámara muy baja, por lo que, probablemente, la acabaré cortando más pronto que tarde.
Manfrotto 055XPROB, con rótula de bola. En este modelo, la posibilidad de colocar la columna central en posición horizontal, permite la colocación de la cámara muy próxima al suelo; pero hay que tener cuidado de que el conjunto no "vuelque".


Trípode 055XPROB posicionando la cámara casi a ras de suelo

Versión antigua de Manfrotto 190, con rótula de bola. Se trata de un trípode, para mi fotografía, relativamente poco estable. Disponiendo de un adaptador adicional, en plástico y muy barato, se puede tener un posicionamiento de la cámara muy bajo, así como tener siempre dispuestas más de una rótula. El ser mucho más ligero que el modelo 055 aporta operatividad en ocasiones. En la serie 190 se fabrican modelos más robustos y algunos con la posibilidad de colocar la columna central horizontalmente



Rótulas: si hay muchos trípodes, seguro que rótulas hay más. La rótula es el elemento final que conecta la cámara con el trípode en sí, permitiendo el posicionamiento ya “fino” de la cámara. Hay muchos tipos, algunas de ellas con características y prestaciones muy concretas y aplicaciones, por tanto, muy sectoriales (de vídeo, para telescopio, panorámicas, de bola, de ejes, etc.); aun a pesar de que podamos permitirnos adquirir varias, en la práctica no es probable que vayamos a cargar con todas, por lo que, el diseño más versátil, desde mi punto de vista y mi experiencia, tanto para las distintas situaciones de la macrofotografía, como para otros usos, es la de bola, en particular las que tienen mandos independientes para el giro horizontal (pan) y el posicionamiento vertical (tilt), con ajuste progresivo de la fricción, que nos permita graduar el esfuerzo que requiere mover el conjunto. También aquí hay que prestar atención, al menos, al valor del máximo peso que soporta.







b) OTROS SOPORTES:

- Platos macro: se acoplan normalmente a la rótula y suelen permitir el desplazamiento de la cámara tanto a izquierda y derecha como adelante y atrás varios centímetros, sin tener que mover el trípode.

 


- Plato en L: esta es una solución cómoda y rápida si el objetivo no dispone de un collar para trípode, que permite, habitualmente aflojando un tornillo, alternar entre encuadres verticales y horizontales, sin mover trípode y/o rótula.





- Pinzas macro: consiste en un accesorio pensado, fundamentalmente, para afianzar al sujeto, sobre todo frente a situaciones de viento. Aunque existen diversos modelos, se trata básicamente de dos pinzas unidas por un brazo flexible, en plástico o algún material ligero. Aunque no es imprescindible y resulta caro, puede ser casi la única posibilidad de conseguir ciertas fotografías macro en días de viento.




- Minitrípodes, pinzas, bases y pequeñas rótulas para flashes: Incluso utilizando trípode, el disparo con retardo con un sujeto inmóvil, un flash en una mano, etc., podemos necesitar situar otros flashes o accesorios aquí o allá; y no nos quedarán manos libres para ello. Así que, ante un escenario sobre el que vayamos a trabajar resultará cómodo disponer los elementos necesarios con precisión y fiabilidad y concentrarnos en la cámara. 





En otros soportes incluyo, un poco maliciosamente, a “trípodes baratos”, es decir, en teoría son trípodes que en la práctica raramente cumplen. El de la imagen superior tiene una calidad bastante pobre, aunque es muy ligero, y los de la inferior tienen numerosas holguras, no permiten posicionar independientemente las patas, tampoco colocar en una posición baja la cámara, etc.


Combinación de soportes utilizados para iluminar (o sujetar algún accesorio), todos de Manfrotto. La base plegable, el brazo articulado (“Magic Arm”), la “Super Clamp” (pinza)  y el brazo flexible. Todo ello con las rótulas y/o acoples pertinentes. Muy útiles, tanto por separado como combinados, aunque encarecen y hacen muy voluminoso y pesado el equipo.


OTROS ACCESORIOS:

- CABLE DISPARADOR: es un accesorio muy interesante y casi imprescindible para poder realizar la toma sin necesidad de tocar la cámara, evitando el riesgo de trepidación en situaciones de velocidades de obturación lentas a muy lentas (inferiores a 1/125, aunque dependerá de la focal del objetivo), o para poder disparar alejándonos incluso algunos metros de la cámara, una vez establecido el enfoque y el resto de los elementos. El original de la marca de la cámara suele ser caro; pero casi seguro que existe uno “clónico” que va a hacer prácticamente lo mismo por mucho, a veces muchísimo, menos. Desde los simples, que tienen un botón de disparo y una posición de bloqueo del disparo (para el modo BULB), hasta los que son electrónicos y permiten disparo con retardo, disparo de una duración determinada, disparos a una cadencia establecida, etc., así como los inalámbricos, suele haber varios tipos con diferentes prestaciones. No tiene porqué constituir una gran inversión, no pesan ni ocupan demasiado y pueden servir para otras modalidades fotográficas. Personalmente no tengo ninguno “original”, es decir, de la marca de la cámara, y sí varios clónicos, llevando siempre al menos dos.




- OCULAR ACODADO: En ocasiones la toma puede estar en un ángulo donde resulta realmente incómodo o incluso imposible encuadrar y enfocar por el ocular de la cámara. En muchos de estos casos el ocular acodado en ángulo recto nos puede permitir obtener esa fotografía. Si la cámara dispone de modo “Live view” (disparo con visión directa) y una pantalla LCD orientable, esta última es una opción mucho mejor. Los originales son bastante caros, aunque de buena calidad, existiendo clónicos asequibles.



- VISOR LCD EXTERNO: accesorio que permite solucionar el mismo problema anterior, pero mostrándonos la imagen en una pantalla LCD independiente. Estos visores normalmente explotan la característica de “Live view” de la cámara y la trasmisión de la imagen de la cámara al visor LCD puede ser mediante cable o por wifi. Además, suelen tener botones de disparo para la obtención de la imagen de forma remota. Este accesorio es aún bastante caro, por lo que cae en el grupo de los accesorios del equipo avanzado, básicamente por su especificidad.



TRANSPORTE
Básicamente mochilas. El análisis de este aspecto es más o menos válido para cualquier tipo de práctica fotográfica en exteriores o que implique desplazamiento del equipo. No es que yo no crea que la cámara no pueda transportarse envuelta en una toalla; yo no lo hago así, desde luego. Por el contrario creo que una mochila es fundamental; aunque no sea necesariamente fotográfica. En algún momento surgirá la necesidad de guardar el equipo, bien por comodidad en los desplazamientos, bien para protegerla. El tipo de equipo, sus dimensiones, peso y volumen, pero también el tipo de fotografía, los desplazamientos asociados e incluso el clima o el medio, van a determinar la mochila más idónea o, al menos, va a descartar las menos idóneas. Básicamente hay cinco tipos de mochila:
. Las que son más bien un estuche y llevan una cinta de bandolera; son económicas, pero permiten llevar pocas cosas, aparte de la cámara, y habrá que tener en cuenta la longitud del objetivo.
. Las de bandolera pero para incorporar equipo; serían las “mochilas tradicionales”, de tipo reportero; las hay de muchos tamaños, pero, a partir de cierto volumen, para transportar, por tanto, un cierto peso, hay que pensar en que va a colgar de un solo hombro, lo que las puede hacer insufribles si el desplazamiento dura mucho.
. Riñonera: para un equipo medio, digamos un cuerpo de cámara, uno a dos objetivos y un flash, además de accesorios como tarjetas y baterías, puede valer; como ventajas, deja la espalda libre, por ejemplo para llevar una pequeña mochila de treking, con agua,etc., y normalmente se puede acceder a su contenido sin tener que quitárnosla.
. De espalda: recomendable para equipos de peso medio-alto; existen muchos modelos, con múltiples tamaños y configuraciones; como inconveniente: hay que quitársela para acceder a su contenido, dejándola, normalmente, en el suelo.
. Tipo “slingshot”, un diseño mixto entre mochila de espalda y bandolera, orientada para la extracción rápida de la cámara, mediante algún bolsillo especial cerrado con cremallera; las hay de diverso tamaño, pero algunas pecan de que, en caso de transportar un equipo pesado, para desplazamientos o sesiones largas, cuelgan de un único hombro, sin posibilidad fácil de alternar, lo que puede ser agotador e incluso pernicioso a la larga.
En definitiva, la elección de una única mochila para mí no es fácil, porque hay que tener en cuenta el tamaño actual del equipo y el de corto a medio plazo, para no decantarnos por una opción demasiado pequeña; el peso del equipo condiciona el modelo y la robustez de la mochila, así como una necesaria comodidad y ergonomía; habrá que valorar la conveniencia de que ya disponga de algún sistema de resistencia a la humedad (costuras selladas, buenas cremalleras, funda de lluvia, etc.); por lo que, pecar por exceso, me parece el menor error posible. Después de haber probado todos los tipos citados excepto el de riñonera, prefiero sin duda la mayor “mochila de espalda” con la que pueda cargar y me pueda permitir; y Lowepro es mi elección: la robustez externa, la calidad de las costuras y cremalleras, la fiabilidad del acolchado y la disponibilidad de un amplio catálogo me aportan una gran confianza.
Como el precio de una buena mochila es elevado, y, obviamente, la mochila no hace fotografías, es mejor no obsesionarse y esperar lo que sea necesario hasta que su adquisición sea posible, sea nueva o de segunda mano. Al principio, a medida que vamos completando el equipo siguiendo un criterio de prioridades lógico, de más útil y mayores prestaciones (lo que más vayamos a usar, primero), podemos adaptar una mochila que tengamos en casa y, por ejemplo, mediante las esterillas aislantes de gimnasio o de camping, confeccionar una alternativa provisional; en internet se pueden encontrar numerosos y buenos ejemplos de esto.




CONCLUSIÓN:


Una propuesta de secuencia de adquisición de equipo, para abordar de una manera asidua y seria la macrofotografía, sería (cada fotógrafo puede, obviamente, detenerse en cualquier punto, añadir elementos o prescindir de ellos):

Cuerpo réflex digital (indiferente calidad y precio, incluso de 2ª mano).
Objetivo macro (el mejor que podamos comprar, o el siguiente en la lista de calidades y precios, que ya casi no podemos pagar, incluso de segunda mano).
Tarjetas de memoria adicionales.
Batería/s de cámara adicionales.
Cable disparador (clónico si lo hay para nuestra cámara).
Trípode (el mejor que podamos comprar), con rótula de bola.
Uno a varios flashes compactos.
Anillos de extensión.
Difusores y reflectores para los flashes (o el material para construirlos).
Mochila de espalda.
Plato micrométrico
Pinzas macro
Visor ángulo recto




Créditos:
Autor: Joaquín D. Palazón.
Web: www.JDPhoTo.es
Versión: Julio 2011
Licencia uso: Creative Commons CC-BY-NC-ND. Especificaciones: Libre uso y distribución, citando al autor, para fines estrictamente no comerciales. Prohibida su modificación sin autorización expresa, así como la producción de obras derivadas.

Agradecimientos: A quienes amablemente han revisado el documento, aportando sugerencias; en particular a:
Juan de la Cruz
José Luis Villaescusa Gallego

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