martes, 16 de agosto de 2011

Motas en el sensor:. Ni indiferencia ni obsesión.


¿Qué son?

En los cuerpos réflex digitales, por el mero hecho del intercambio de objetivos, pero ni siquiera necesariamente por esto, aparecerán, más tarde o más temprano, unas manchas, de diferente intensidad, tamaño, etc., en ciertas imágenes. Este es un problema inherente y probablemente insoluble, de la era fotográfica digital.

El sensor, un dispositivo electrónico, se carga en mayor o menor medida de electricidad estática. Y atraerá partículas de las que siempre hay en suspensión en el aire. Y dichas partículas se quedarán más o menos adheridas al sensor. Bueno, en realidad esto último es impreciso, porque donde se quedan adheridas (lo que realmente se ensucia y, por tanto, lo que al final estamos limpiando) es el filtro de paso bajo (anti-aliasing) que está superpuesto al sensor (la matriz de fotocaptadores). Por esto, en adelante, “limpar el sensor”, “motas en el sensor”, etc., hacen referencia a “limpiar el filtro del sensor”, etc.

Aunque el mayor riesgo se corre en el momento del cambio del objetivo, así como según el ambiente y condiciones en que se haga, no sólo por dicho cambio de objetivo se obtienen estas imperfecciones en nuestras capturas digitales:
  • Al principio, las cámaras pueden, perfectamente, tener un exceso de lubricante en sus partes mecánicas, especialmente en el mecanismo del espejo. Su propia acción, al golpear, provocará un aerosol de partículas viscosas (el lubricante), algunas de las cuales, muy probablemente, alcanzará el sensor.
  • El propio efecto fuelle del zoom del objetivo (caso de ser zoom), o, incluso del enfoque del mismo, provocará corrientes de aire que desplazarán partículas, algunas de las cuales, por el efecto de la electricidad estática, serán atraídas hacia el sensor.
  • La falta de estanqueidad de cuerpos y objetivos propiciará que algunas partículas se encuentren en la zona en que pueden alcanzar el sensor.

¿No está mi sensor protegido por el sistema de autolimpieza de mi cámara?

Pues no, desengañémonos cuanto antes. Este sistema lo que hace es provocar una vibración en el filtro del sensor, buscando que las partículas sólidas se desprendan del mismo, cayendo en un “depósito” diseñado para contenerlas. Por tanto no es infalible, dados los orígenes y causas de manchas en el sensor, expuestas anteriormente, y dado que no necesariamente todas las manchas van a tener una naturaleza sólida y una adherencia meramente electrostática, habrá manchas que permanezcan. Además, en alguna ocasión puede que tomemos fotografías en condiciones de temperatura, por ejemplo, muy frías, con lo que, al sacar la cámara de la mochila, el rápido enfriamiento del aire puede traer condensación de micro-gotas de agua en el sensor, lo que puede adherir más pequeñas motas al sensor, haciendo incapaz al sistema de autolimpieza para su eliminación.

Así que este sistema retrasa la necesidad de una limpieza manual, pero no la evita.


Y lo que nos preguntamos algunos es: ¿qúe ocurre con las partículas de ese depósito de partículas? Antes o después, me imagino que se movilizarán, en las proximidades del sensor, pudiendo ser atraídas por éste.

¿Por qué no afecta a todas las imágenes por igual?

En primer lugar, y más obvio, dependerá de la imagen: si fotografiamos el interior de un hayedo en otoño, con un suelo tapizado de hojas y una parte media y superior de la imagen llena de troncos y ramas, pues las motas del sensor es poco probable que aparezcan reflejadas en las capturas (están, pero no se ven, quedan disimuladas). Las manchas del sensor no se mueven, en principio, por lo que, según la textura, luminosidad, tono, etc. del área de la fotografía, en su correspondencia con el sensor, las áreas “sucias” de la imagen van a pecar más o menos de este defecto sistemáticamente.

Y, en segundo, depende del diafragma utilizado en la fotografía. Las motas más frecuentes, que son de pequeñas a muy pequeñas, no serán visibles en fotografías tomadas con diafragmas más abiertos que f5 (número f menor: f4, f2.8, etc.). Pero sí se verán, con toda seguridad, en un cielo obtenido a f16, f22, etc.


¿Se puede escapar de este fenómeno?

No. Incluso haciendo todas las fotografías a diafragma f1.4 (escenario bastante improbable), antes o después el sensor deberá ser limpiado.


¿Cómo sé que tengo que limpiar el sensor?

Dependiendo del grado de autoexigencia de cada cual, el examen minucioso de cada imagen y en particular de las zonas “lisas”, sin textura, y de tonos claros (el mejor ejemplo son los cielos), nos marcará el estado de limpieza del sensor y de él deduciremos si “podemos vivir” con ese estado o hay que hacer algo.

Pero esa es una evaluación secundaria, indirecta. Si queremos estar seguros, se hace “la prueba del algodón”: Si estamos en exteriores, de día, se coloca preferiblemente un objetivo de focal, como mínimo, de 50mm, se cierra el diafragma al número f mayor de dicho objetivo, se pone la cámara en modo manual, se pone el enfoque en manual, se enfoca a la mínima distancia de enfoque, se mide el cielo (excluyendo el sol del encuadre) y se ajusta la velocidad hasta que el fotómetro de la cámara indique una sobreexposición de alrededor de 2/3 de paso a 1 paso completo. Se encuadra una porción de cielo sin sol y se toma la fotografía. Si el tiempo de exposición superara 1 segundo, se ajusta el ISO (subiéndolo) para que dicha velocidad sea, por lo menos, de 1/15. Da igual que el cielo esté desenfocado; da igual que la imagen corra el riesgo de estar trepidada (no vamos a tener definición después de todo y las motas no se mueven); da igual que el ISO de la imagen sea 1600 (el ruido derivado del ISO alto no nos va a tirar por tierra la prueba).

En interiores, la prueba sería la misma, pero enfocando a infinito y midiendo (y encuadrando para la captura) exclusivamente una porción de pared o un folio blancos o muy claritos.


Esta “prueba del algodón” debe hacerse después de la limpieza, para asegurarnos de que lo hemos hecho bien y el filtro del sensor ha quedado verdadera o razonablemente limpio.

He decidido luchar, sin obsesionarme, contra las manchas del sensor ¿qué hago?

Pues actúo en dos frentes: la prevención y la subsanación del problema:
  • Prevención: Soplo con una pera de goma (tengo en casa una enorme y llevo en la mochila otra más “portátil”) las tapas de los objetivos y del cuerpo de la cámara; soplo también el interior del objetivo, antes de ponerlo en el cuerpo de la cámara, o, al menos, al quitarlo; antes de quitar el objetivo limpio con un pincel el cuerpo de la cámara. Cambio de objetivo lo menos posible y evitando ambientes sucios, con viento, etc.; además, procuro siempre que en el cambio la montura del objetivo del cuerpo de la cámara mire hacia abajo; y si estoy en exteriores y tengo que cambiar “necesariamente” el objetivo, a la más leve señal de viento lo hago intentando proteger la cámara del viento, con el cuerpo, la mochila, lo que sea.



  • Subsanación del problema: periódicamente, soplo el filtro del sensor de la cámara con una pera de goma grande. Cuando esto no es suficiente, limpio el sensor por el método húmedo: soplo primero el filtro del sensor y las zonas periféricas y finalmente uso el líquido apropiado al sensor en cuestión, Pec-pad y algo a modo de bastoncillo (normalmente una tira de tarjeta de crédito cortada en concordancia al alto del sensor).

Los pasos para aplicar el método seco o el húmedo son los mismos. En primer lugar hay que revisar el manual de la cámara, donde deberá estar especificado tanto el proceso como las precauciones a tomar. Al menos en todas las cámaras CANON que conozco hay un acceso en algún menú que inicia el proceso; éste no puede realizarse si la cámara estima que el nivel de batería no lo va a permitir; seleccionada la acción en el menú, la cámara levanta el espejo, dejando al descubierto el filtro del sensor. Para la “limpieza en seco”, la del soplado del sensor, coloco la cámara en el trípode, modifico la posición de la rótula para que el sensor quede mirando hacia el suelo; activo la limpieza del sensor en el menú correspondiente; quito el objetivo; soplo a conciencia el sensor y los alrededores; y si esto era todo, soplo el objetivo y lo monto en la cámara, que apago, dando por finalizada la limpieza.


Importante: No uso aire comprimido, no uso líquidos no estrictamente seguros (si la afinidad entre dicho líquido y el filtro del sensor y los fotocaptadores y la microcircutería existente no es absoluta, corro el riesgo de provocar una avería seria y cara de reparar) y no uso otra cosa que Pec-pad, que se fabrican para no dañar las lentes de los objetivos). Pero, ojo, el fabricante del Eclipse garantiza el producto (ignoro si internacionalmente), corriendo con los gastos de cualquier daño que éste produzca en el sensor, si se ha seguido al pie de la letra sus instrucciones. Pero desaconseja (y la garantía no alcanza esta combinación) el uso de los Pec-Pad para la limpieza del sensor. Para eso tiene otro producto: Sensor swab, que los fabrica en varios tamaños y formatos (nº de unidades por envase). Sólo cuando se usa Eclipse + Sensor Swab se dispone de esta garantía.

Por dar mi experiencia personal en este tema, he limpiado (en diversas ocasiones, según la cámara concreta) el filtro de una Canon 10D y de dos Canon 20D con metanol (99,8 % de pureza), comprado en una farmacia; una Canon 400D, una Canon 40D y una Canon 5D con Eclipse2; una Canon 350D con el mismo metanol ya citado. Siempre he usado Pec-Pad para ello. Casi todas las cámaras citadas eran mías (en el momento de la limpieza, ahora ya no) y las demás de personas muy, muy cercanas. Pero ahora, para una de mis bestias negras he adquirido los Sensor Swab (que aún no he utilizado en el momento de escribir esto, a la espera de conseguir la nueva fórmula del Eclipse).



¿Alternativas?

La limpieza de manchas del sensor en las fotografías, usando cualquier software de edición es casi siempre viable.

Pero la limpieza del sensor es un proceso sencillo, bastante breve y hasta relativamente económico, salvo que lo haga el servicio técnico de la marca. Evaluar si nos compensa el tiempo que se pasa quitando manchas en el ordenador, es también un buen criterio para decidir si limpiamos el sensor o limpiamos las fotografías.

Y, apelando al grado de autoexigencia, si obtengo un “fotón” de, por ejemplo, un insecto (macro fotografía) y “me cae” una mota en el ojo del sujeto, arruinándome la captura, no me lo perdonaría nunca.



¿Qué no me debe preocupar “nunca”?

Las manchas y motas (salvo que se desplacen al sensor a la larga) que veo en el visor. Son elementos que se encuentran en la propia lente del visor, en la pantalla de enfoque o en el espejo y que nunca van a aparecer en las fotografías.

Aunque se pueden retirar con relativa facilidad (según las cámaras, claro), sólo si nos distraen mucho o si fueran significativamente grandes abordaría su limpieza. Y ésta es demasiado específica, a la par de salirse del tema de este “artículo”.

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